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jueves, 26 de julio de 2018

MI MEJOR DROGA - LAURA LAGO



1. El Sexo de las Estrellas — Sexo, Fiestas y Rock&Roll
2. Ropa Interior Prescindible — Ibiza, Sexo e Insolación
3. El Rompe-Olas — Romance Inesperado con el Ejecutivo de Vacaciones
4. J*did@-Mente Erótica — BDSM: Belén, Dominación, Sumisión y Marcos el Millonario
5. Caramelo Explosivo — Romance Oscuro entre el Padrastro Mafioso y su Muñeca
6. Tinta y Máscaras — Romance Oscuro y BDSM con el Millonario y Mafioso
7. La Mujer Trofeo — Romance, Amor Libre y Sexo con el Futbolista Millonario
8. Premio Gordo — Romance, Erótica y Matrimonio de Conveniencia con el Playboy Millonario
9. Políticamente Incorrecto — Romance, Comedia, Sexo y Crítica Social
10. Lo que Papá no Sabe — Romance con el Mejor Amigo de su Padre



Ropa Interior Prescindible



Ahí estaba yo, una Madrileña montada en un viaje de placer a Ibiza. A liberar estrés del trabajo. 
Sol, agua, alcohol, sueño y fiesta. Y mi viaje empezó con Julio de compañero de vuelo. 
Un tío bueno que me sonríe, y al que 30 minutos después estoy repasándole los abdominales en el baño. 

Vergüenza extrema, como comprenderás. Pero una está de vacaciones. Cuando me tumbé en la cama del hotel mi consuelo era saber que había sido una locura pasajera. Todas tenemos una de tanto en cuando, ¿no? Julio seguiría su camino y yo el mío. Y la cara de la azafata, mi rostro despeinado y mi cara de guindilla quedarían en el pasado. Hasta que, en mala hora, bajo a la piscina del hotel en bikini y lo veo ponerse a tomar el sol en la tumbona de al lado. 

No sólo se alojaba en el mismo hotel que yo. Dormía en la habitación de al lado. 

Oh, Dios, mío. 



sábado, 21 de julio de 2018

Caramelo Explosivo



Iván:
Aquí estoy, en casa de mi futura esposa. Y ahí está ella, Natalia, la hija de mi prometida. Yo, con mis 42 años, y ella con sus 19. Yo, director de dos empresas, ambas tapaderas para el tráfico de drogas y armas. Mi principal cliente, la mafia rusa. Mi “socia” y prometida, Victoria, una empresaria de éxito que necesita más contactos, más redes y más poder, aunque sea buceando en aguas sucias. Y ella, Natalia, una manzana prohibida en mitad del edén. La tentación. La perdición.

No amo a mi futura esposa. Ella no me ama a mí. Pero es “bueno para el negocio”. Lo que es malo para el negocio es Natalia. Veo como me mira. A mí, a mis tatuajes, a mi actitud, a mi mirada de deseo contenido. Y sin embargo, podría arruinarlo todo, por no hablar de cómo soy yo.

Arruinaría a la pobre chiquilla en horas. Yo trabajo duro, juego sucio y f*llo como la bestia que soy. Una princesita de 19 años estaría para el arrastre antes del tercer orgasmo. Pero soy lo peor de lo peor, al fin y al cabo. Si no me importa vender armas a los rusos, o drogas a los suburbios, ¿porqué iba a contenerme ahora?

Natalia:
Iván debe creer que soy profundamente g*lipollas. O quizás que estoy hecha de marfil y cristal. Pero yo sé muy bien lo que hay. Cuando toda tu vida has estudiado con “la élite”, con la gente de “caché” que puede pagar una educación privada, ves de todo; críos con relojes que valen un ojo de la cara, chavales con el ojo de la cara morado, drogas, amenazas, abusos y toda clase de barbaridades. A más dinero, más veneno parecen echar en el desayuno.

A mis 19 años le he partido la cara al ex-novio de mi mejor amiga, he sido amenazada de muerte más veces de las que me gustaría, y soy profesional de aikido a nivel nacional. Mi vida consiste en lavarme la cara para ignorar que el mundo es un lugar oscuro, donde los pobres se quejan de que no tienen dinero y los ricos han vendido su moral por un fajo de billetes.

O quizás simplemente me he criado en un ambiente turbio, con un padre entre rejas por nunca sabré qué, y una madre que juega a caminar por la cuerda floja, creyéndose mejor que los demás porque paga impuestos y cumple con las leyes — aunque los salarios de mierda, la competencia desleal, y la difamación encubierta son perfectamente legales —.

Pero ahí está él, Iván. Un hombre de los que ya no quedan. Un monstruo con un ápice de conciencia en los ojos. Un animal que se araña a si mismo al verme, como si yo fuese el último clavo ardiendo para aferrarse a su humanidad.

Prohibido tocar.
Prohibido hablar.
Prohibido arañar.
Prohibido f*llar.
Me sé las normas.
Simplemente vivo en un mundo donde las reglas se doblan como si fuesen papel.


El Sexo de las Estrellas



Verás, mi nombre es Susana y hasta ayer era una simple estudiante de enfermería. Hoy, y por el resto del verano, soy una “groupie”. Por si el término no te suena, te lo explico; viajo con la caravana de un grupo de rock por todo Estados Unidos. Eso implica, lógicamente, sexo, fiestas y rock&roll.

Sí, es verdad, de vez en cuando te encuentras con que el batería se ha puesto hasta las cejas de “coca”, pero hasta ahí. Tengo suerte de que ni al conductor, ni al cantante, ni a mí, nos va eso. ¿Y porqué el cantante? Porque es el que pone la parte del sexo, claro.

Verás, una característica de la “groupie” es que es fan del grupo. Y por supuesto, yo estoy colada hasta los huesos por el cantante, Axel. En un par de meses mi visado de residencia expira, así que me tocará volverme a España, pero hasta entonces tengo libertad para soltarme la melena, disfrutar de mi juventud y de hacer todas las locuras que toda joven tiene que hacer.

Así que aquí estoy, abrazada a un cantante de fama internacional que cree en el amor libre y en los romances de verano, mientras su moto recorre el desierto de California rumbo a Los Ángeles. No, no tengo grandes pretensiones de futuro, pero el presente va a ser increíble.



El Rompe-Olas



Era verano. Yo, Marta, estaba de vacaciones en Ibiza. Por quince días podía olvidarme de mi empleo mal pagado y darme un pequeño gusto. 15 días de paz, arena y olas. Y él.

Había hecho el check-in en el hotel, me había tomado mi primer margarita y había decidido salir a tomar el sol. Lo siguiente que me encuentro es un hombre con un trasero de piedra, unos abdominales de acero y una sonrisa deslumbrante con una tabla de surf bajo el brazo. Arturo.

Arturo encajaba perfectamente en el modelo de ejecutivo agresivo, solo porque no estaba en la oficina con su traje y corbata, sino en la playa. Lo único que quedaba de agresivo y ejecutivo en él era su porte de hombre confiado y su falta de vergüenza. En este caso, todo eso le sirvió para acercarse a mí y, en menos de dos minutos, invitarme a cenar.

Por algún motivo, acepté. Bueno, por algún motivo, no, porque estaba más bueno que el pan, parecía tener una vida de lo más atractiva y desde luego el hombre sabía como retener la atención de una mujer. A la mañana siguiente ya no estaba en mi hotel de 3 estrellas, sino en un ático con vistas al océano.

¿Próxima parada? Dar un paseo en barco con él. Lo que no esperaba fue que también me terminase sobrando la ropa en alta mar y, que, al final de ese día, me enterase de que, vacaciones aparte, ambos volveríamos a la misma ciudad, Madrid. Aún quedaban 14 días, pero, ¿tendría que acabar ahí?




J*did@-mente Erótica



Sexo, Erótica, y reventar clichés.
¿Cómo? BDSM, un Millonario, y una “sumisa” atípica.
J*did@-mente atípica.

Mi nombre es Belén y soy una oficinista amargada. Como cada mañana, me subo al tren rumbo al cubículo donde, de nueve a cinco, empujo un bolígrafo y aporreo un teclado. Y no, no soy la secretaria de ningún millonario, pero esta mañana sí había un ejecutivo-agresivo en el tren.

Alto, guapo, atlético y con todas las virtudes físicas y porte como para desear que me ate a la cama y lleve al nirvana por la vía dura. Pero ahí está él, gruñéndole a un teléfono como si fuese el rey del mundo y su interlocutor un pobre diablo que ha metido la pata.

Conforme se baja del tren, dos paradas antes de la mía, desliza el móvil en su maletín pero falla y cae al suelo. Lo recojo mientras se me cierran las puertas en la cara, con un hombre haciendo oídos sordos a mi intento de ser una buena ciudadana.

Ahora es cuando viene lo que no sabéis de mí. No tengo vergüenza, pero me faltan dos tornillos. Muerta de curiosidad, no tuve reparos en echar un vistazo a sus conversaciones. Y cuando vi que había contenido explícito, un vistazo más grande. Visto lo visto, decidí revisar sus fotos, e incluso vi en su correo un pedido de una “Tienda de Juguetes” gracias a la que pude ver “dónde podía localizar al dueño y devolverle el móvil”. Ver sus vídeos también resultó un mal necesario.

Así que me planté en su oficina. Su secretaria, por supuesto, me dijo que estaba muy ocupado y no tenía intención de verme. Dejé el móvil en la mesa y me largué. Es posible, admito, que haya dejado una foto mía en su móvil. Una foto tan explícita como las suyas.

No sabía si la vería.
No esperaba que me llamase.
No esperaba sudar y gemir al otro lado de la línea.
No esperaba que mandase a su chófer para recogerme.
¿La verdad? Una vez en el coche, si esperaba que me atase.
Lo que no esperaba era esposarlo a él después.

Intercambiamos saliva, sudor, mordiscos, poder y sumisión hasta el amanecer. Nos consumimos mutuamente hasta no poder más, esperando el final. No era realista pensar que aquello iba a ser un final de cuento donde él me posee, yo le poseo, y comemos perdices. Lo que él no esperaba es que terminase como lo hizo…

La verdad es que nunca podrás hacer una tortilla sin romper algunos huevos.


Lo que Papá no Sabe



Ojos que no ven… corazón que no siente. ¿Cierto?
Esa es la filosofía que Marta lleva con su padre.

Arturo ha sido, toda la vida, el mejor amigo del padre de Marta. Fueron juntos a la escuela, al ejército, y se salvaron la vida el uno al otro en pleno campo abierto. Son inseparables… ¿cierto? Bueno, Arturo sabe que Marta bien podría separarlos, y es que lo que quiere de “la hijita de papá” es precisamente lo único que, quizás, podría envenenar su relación de amistad.

Por su lado, Marta ha sido siempre la hija ejemplar. Con un padre militar, se ha asegurado de ir a la universidad para “no terminar como su viejo”. Buenas notas, buenas conductas, y nada de llegar a casa puesta de alcohol o drogas a las tantas de la mañana. Pero siempre, siempre, ha visto a Arturo como si fuese su icono sexual. Una especie de “estrella del rock”. Un militar duro, amable, apuesto y que la miraba con respeto… y un brillo especial en los ojos.

Sí, ambos son conscientes de que él es mayor y ella joven. Pero, ¿y quienes son los demás para hablar de su vida? Él tiene experiencia, es maduro, arrebatadoramente atractivo, y desde luego no hay lugar más seguro que entre sus brazos.


Políticamente Incorrecto



Mi nombre es Julia y soy la peor hija del mundo. Bueno, al menos, la peor hija del país.
¿Que por qué? Interesante pregunta. Porque estamos en plenas elecciones, mi padre es candidato a la presidencia del partido de extrema derecha — actual partido en gobierno —, y yo soy una activista de izquierdas… hasta la médula.
A mis 21 años estudiar un doble grado de derecho público y administración de empresas es sólo una bonita fachada. Ya sabéis como funciona esto; papá paga los estudios, me lleva en un coche negro a la universidad y tengo un gorila vigilándome 24/7. Es una lástima que por mis venas corra la sangre de mi madre — que divorciada descanse —, lo cual supone escaparme de mi, ejem, mansión, cada dos por tres.
La verdad es que da muy mala fama que tu hija salga en portada del periódico y prime time de televisión… si lo hace luciéndose en manifestaciones de derechas para proteger los derechos del colectivo LGTB (gay, lésbico y demás). Pero, ¿sabes qué da más mala fama? ¿Sabes qué es lo que le hierve aún más la sangre a mi padre? Que en la portada salga dándole la mano a Carlos, el candidato a la presidencia del partido de izquierdas.

Y aquí estoy yo. Delante de los flashes de la cámara, estrechándole la mano con una media sonrisa, mientras en el fondo sé que ambos somos un ídolo para el otro. Yo, que a expensas de tener “la vida resuelta” decido concentrar mis esfuerzos en sabotear a mi padre. Él, que ha soportado más acusaciones — infundadas… al menos la mayoría — que nadie. Así que de nuestras bocas sale la idea de seguir “discutiendo ideologías” al terminar la manifestación.

A la mañana siguiente, entiendo, me he convertido en la ¿amante? del “enemigo”. Mejor imposible. Así que ahora es cuando tenemos el poder de decir qué hacemos con el país y mi hitleriano padre. Al fin y al cabo, da igual cuantos votos pueda comprar… no le quedará ningún candidato cuando el mundo sepa que su hijita se está tirando a la competencia.


Premio Gordo



Mis ex-novias suelen decir que soy un problema. 
Un problema muy grande. 
Y es verdad. Soy j*didamente atractivo, odiosamente inteligente, asquerosamente rico y tengo una poll* enorme. Sí, lo sé, también soy un g*lipollas integral. ¿Y? Desde un yate, pudiendo rallar queso con los abdominales y siendo el alma de la fiesta - porque acabo de ganar otro millón en la bolsa - ser o no un absoluto cretino… no te voy a engañar, me trae sin cuidado. Pero, eh, podría ser peor. Cada año dono siete cifras a organizaciones benéficas, contribuyo con obras sociales y me comporto como el millonario ideal. De esos que ayudan al mundo. Y me lo creo. Soy un filántropo, un buen tío, con un único problema acorde a las revistas de prensa rosa. De hecho, mi hermano acaba de llamarme. Vamos a absorber no-sé-qué empresa de la competencia — primera noticia que tengo — y hay que evitar que los señores de traje y corbata se pongan nerviosos. Eso significa dejar de quedar como un libidinoso sibarita en la prensa, lo cual significa que no debería tener a una pelirroja — ni a una rubia — durmiendo en mi cama. Después de que aquello saliese en la prensa, la única forma que se me ocurre de calmar a señores de 70 años y sus accionistas es ofrecer un perfil conservador, formal y comprometido. 

Y eso implica mostrarme comprometido en todos los aspectos, al menos según mi hermano y mi madre. Toca sacrificarse por la familia, y ahí es donde mi querida amiga Verónica entra en juego. Ella y la alianza familiar, un anillo tan gordo como mi… ego. 

Su “ex-novio”, una estrella de rock con la imagen pública esnifada por la coca, ha dejado a mi amiga Verónica en una posición bastante vulnerable… para ser modelo de pasarela. Así que ambos ganamos si le pido que sea mi prometida por una semana. Solo teníamos que “cortar” luego haciéndola quedar bien ante la prensa. Ahora me veo besándola en público por primera vez, y después de rozar sus labios tengo claro que no voy a detenerme ahí. He estado con modelos antes, pero nadie que me hiciese sentir tan vivo como Verónica. ¿Acaso vamos a desaprovechar semejante ocasión? Si nos ha tocado el premio gordo…


La Mujer Trofeo



Él compró una esposa. Ella compró una vida de lujos.
Él desea poseerla a toda costa. Ella no puede verlo ni en pintura… literalmente.

Javier Vázquez es un millonario arrogante, como todos los futbolistas retirados que no saben qué hacer con su dinero. A día de hoy tiene una mansión de ensueño en una urbanización de lujo, más ceros en su cuenta corriente de los que puede derrochar, y aunque en su móvil tiene una bochornosa cantidad fotos explícitas de diversas mujeres, ha comprado a una esposa. Belén.

Belén:
Algunas amigas dicen que he vendido mi alma al diablo, pero, ¿qué hubieras hecho en mi lugar? He trabajado en supermercados, tiendas de ropa, restaurantes y otros empleos basura de los que no quiero ni hablar. Y todo porque nadie me explicó que eso de ir a la universidad y graduarse como psicóloga era una idea brillante… si quieres morirte de hambre porque no hay trabajo.

Así que, sí. Cuando, como el más pésimo de los clichés, un tío bueno se me acerca en una discoteca y me doy una alegría - para variar -, lo último que hago cuando me entero de que ha metido no-sé-qué gol de final-de-la-champions-league es rechazarlo. No cuando me ofrece un anillo con una piedra más grande que mis ojos, una mansión que quita el hipo y, sí, una vida de ensueño.

Bueno, todo lo de ensueño que puede ser una vida donde, conforme entras por los portones de tu casa, además de “la sirvienta” te encuentras con un cuadro de él pateando un balón. En serio, Javier Vázquez es el hombre más narcisista, vanidoso y creído que conozco. Pero no me extraña teniendo en cuenta que es más rico que el presidente del gobierno. Creo.

Sí, somos tal para cual. La pareja perfecta. Él sigue acostándose con quien quiere, y yo a cambio puedo dedicarme a tomar martinis en la piscina. Que le jodan a él, al mundo, y a su gigantesco… ego.

Javier:
La idea era muy buena, no me entiendas mal. Yo me agenciaba una esposa con un cuerpo escultural, y a cambio los medios de televisión dejaban de prestar tanta atención a con quien me acostaba o dejaba de acostar. No sólo ganaba una tapadera para mis amantes, sino una mujer 10 en mi cama cada noche que quisiera. Ese era el plan.

La lástima fue no haber firmado ningún contrato diciendo que tenía que acostarse conmigo. Se me quedó una cara de tonto preciosa cuando me dijo que no tenía pensado tener sexo conmigo, pero que la dejase tomar martinis y sonreír ante la prensa o se plantaba en televisión a contar todos mis trapos sucios.

Pero no va a quedar así, por supuesto. Belén no tiene ni idea de con quien está tratando. Si tengo que salir desnudo mientras toma el sol, lo haré. No puede ser de piedra. Le caiga mejor o peor, es imposible que sea la única mujer del universo que no se rinde ante un cuerpo definido con abdominales para rallar queso y sexo de lujo, tanto por la calidad como por el ambiente.

Esa chica va a saber que Javier Vázquez, a la hora de la verdad, siempre la mete.


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