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sábado, 1 de septiembre de 2018

Oscuridad Natural



La vida es simple para los que trabajamos la tierra. Todo es puro, real, libre de… ruido. Somos yo, mis caballos, mi huerto y yo. Lejos de la ciudad.

¿Quién soy yo? Soy Marta, una de esas mujeres que en el Siglo XXI han decidido seguir viviendo en un pueblo tranquilo… donde Alexander es considerado “un monstruo”. “Es peligroso”. Eso dicen. Para mí es simplemente un hombre callado, educado y tranquilo… más alto que un pino y con unos músculos que, ciertamente, imponen.

Se dedica a ayudarme con los caballos y con el huerto, y sí que hay algo de cierto en que es un monstruo… su mirada es fría pero intensa, escalofriante. Aún así, no resulta intimidante, simplemente… es como si te atravesase. Y justo eso hizo.

Una noche. Me convirtió en cenizas. Tras hacerle sentir cómo sabía la piel de una mujer de verdad, tras probar su carne, tras convertirnos en llamas y sudor durante horas… quedé reducida a cenizas.

Ahora sólo puedo pensar en una cosa; exponer esa faceta oscura que veo en él. Dejar que la use para calmar sus deseos conmigo. Dejar que susurre órdenes graves en mi oído y, por supuesto, que me sujete mientras todo vibra.

Quiero romper su máscara. Quiero liberarlo. Quiero su control… y que me libere a mí.



Sacudida por el Dominante



¿Quieres saber mi mayor secreto?
He dejado que un desconocido me domine.
De todas las formas posibles.
Sólo me susurró su nombre y sus gustos.

Lo siguiente que recuerdo es estar a su merced.
Entre sus brazos de acero. Su lengua de diablo.

Pero ahora a vuelto a por más.
Y es que Klay no es sólo un hombre dominante.
También es padre. Y yo su chica perfecta.

No debería enamorarme de él.
Sé que es un error.
Duro en la cama. Exigente. Firme.
Dulce fuera de ella. Compasivo.

Es todo lo que podría desear.
Un macho alfa, dominante y por civilizar.
Con un solo punto débil: Yo.


El Dominante y La Virgen



Yo soy dominante.

Ella virgen, pero no por mucho más tiempo.

Cuando eres como yo, un millonario embutido en un traje de día y un animal en la cama de noche, todas las mujeres terminan buscándote por algo; el dinero que te sale por las orejas o un pedazo de tu carne.

Es lo que tiene poder lucir unos abdominales de acero y una mirada de depredador en cuanto comienzan a intentar seducirte. Y entonces llegó ella. Cansado de interesadas, caza fortunas y malfolladas que sólo buscaban un buen polvo cargado de morbo, Laura resultó ser todo lo que podía desear; inocente, virgen y aunque casi parecía que se había escapado de un convento, joder, era una de las mujeres más atractivas que he visto nunca.

Por supuesto, se convirtió en mi prioridad número 1.

No tenía ni idea de lo que le esperaba, pero desde luego iba a hacer de aquel bombón mi pequeña sumisa, y lo peor; le iba a encantar. Podía ver en sus ojos el anhelo de someterse a mí, e iba a ofrecerle una primera vez que no iba a querer olvidar jamás.


viernes, 13 de julio de 2018

SUMISIÓN TOTAL - ALBA DURO



1. Sombras Nuevas — Romance, Erótica y BDSM por Primera Vez
2. Comprada — Poseída, Dominada y Sometida por el Millonario
3. La Mazmorra — Romance, Erótica y BDSM de Altura con el Millonario
4. Rota — Romance, Erótica y Sexo Duro entre el Motero y la Madre Soltera
5. Shibari — Erótica y Placer con el Jefe Dominante y la Sumisa
6. El Collar — BDSM: Bondage, Dominación, Sumisión y Mar
7. El Dominante y la Virgen — Sumisa por Primera Vez con el Millonario
8. La Cama en Llamas — Romance, Erótica y Sexo Duro con el Militar Dominante
9. Lencería Rota — Romance, Erótica y BDSM con la Modelo Esclava y el Empresario Millonario
10. Oscuridad Natural — Romance Salvaje, Erótica y Sexo Duro por Primera Vez


martes, 29 de mayo de 2018

Animal Salvaje



James:
Es mi club. Son mis normas. Mi mundo.
James Jones no es un hombre cualquiera.
No soy el padre de tus hijos. No soy tu novio.

Soy el mejor polvo de tu vida.
Pero también soy tu jefe.
Recuérdalo.

Mientras grites mi nombre, recuérdalo.

Alice:
Necesitaba un trabajo. James me ofreció uno.
Pensé que su club de alto standing iba a ser un desafío.
Pero no estaba preparada para lo que venía.


No estaba preparada para él.
Para sus brazos de hierro. Su voz viril y autoritaria.
Su traje de tío con pasta. Sus casi dos metros de altura.

Yo suelo ir de princesita. De ir poco a poco.
Pero eso funciona con James. Él toma lo que quiere.
Y me quiere a mí.

Pero no solo quiere mi cuerpo. Me quiere a mí. Toda entera.
Seré una princesita, pero me ha invitado a su casa.
Cuando vas al penthouse de un tío como James, bueno…
… esperas que te falle salvajemente al final de la noche.

Pero él parecía dispuesto a hacerme sufrir.
Suplicar. A que me rinda ante él.
A hacer que esta princesita se arrodille a sus pies.


sábado, 31 de marzo de 2018

La Cama en Llamas



En su cuarto, la obediencia es una obligación.

Los hombres como Marcos no tienen citas ni creen en el amor, pero siempre consiguen lo que quieren. Y hoy me quiere a mí. Su media sonrisa estaba hambrienta, sus ojos me devoraban con la mirada, y su voz me derritió. “Eres mía”, dos palabras que resonaron en mi cabeza, aturdiéndome.

En su cabeza, todo lobo tiene heridas.

Marcos debía haber sabido que las mujeres como Julia no sólo dejan fuego en tu cama. También en tu corazón. Años blindando con cadenas y llaves un corazón no sirven de nada cuando alguien, una noche, golpea justo en la herida.

En el peor momento.

Marcos era un ex-militar retirado. Pero el servicio de inteligencia seguía buscándolo. Así que ahora tenía no sólo que cuidar de si mismo, sino de Julia. Al fin y al cabo, ahora era suya.


El Club de las Máscaras


Sara llevaba tiempo coqueteando con el sexo un poco más… duro. A sus 24 años, periodista, estresada y cada vez más aburrida del sexo convencional, poco a poco había comenzado a interesarse por prácticas más ortodoxas.

Sin embargo, todo dio un giro aún más brusco cuando conoció su mejor amiga le presentó a Pablo. Alto, atlético, entrenador personal y, por supuesto, una auténtica bestia en la cama. Resultó difícil para Sara decir que no a alguien así, pero más todavía no quedar atrapada en su órbita cuando descubrió la verdad.

Pablo se encargaba de organizar las reuniones BDSM de la ciudad, y con ellas, Sara iba a verse cada más y más inmersa en un mundo que parecía no tener fondo.


Iniciadas



Estás frente a una colección que incluye 3 libros escritos por Alba Duro.
A continuación de dejo las descripciones de las obras:

Sombras Nuevas:
Patricia lleva años viviendo en Los Ángeles, donde trabaja como escritora erótica en español. Su día a día consiste en apagar cigarrillos en el cenicero, escribir a oscuras en su ordenador y contestar emails de fans. Sin embargo, todo llega cuando recibe un email de Arturo, uno de sus lectores.
Arturo tenía una pregunta; “¿Lo que escribes, son experiencias reales?”. La respuesta era… no siempre. No cuando incluía en sus obras dominación, sumisión, sexo duro u otros aspectos del BDSM. Poco a poco, la conversación entre Patricia y Arturo fue subiendo de tono, hasta que terminó incluyendo una proposición… y una cita.
Así, Patricia se terminó viendo en un ático de Los Ángeles, en una fiesta privada para la comunidad BDSM local. Desorientada, asustada e intrigada, siguió adelante, adentrándose en mundos que llevaba años narrando, pero que nunca había vivido.
Con Arturo como guía y aquella gente como compañía, Patricia termina envuelta en una vorágine de redescubrimiento personal, sexual y moral, cambiando para siempre quién es.

Comprada:
Todo tiene un precio… y yo podía pagarlo.
Cuando te has hecho millonario por méritos propios tu percepción del mundo… cambia. El mundo se vuelve un lugar frío, gris y cruel, donde la competencia es brutal y no quedan hombres buenos. Todo son negocios, competencia desleal y… falta de humanidad. Así, poco a poco, mi corazón fue volviéndose de hielo y mi corazón desconfiado.
Pero aún así, todo hombre tiene sus necesidades.
Ahí es donde Melissa entra en juego. Deslumbrante, arrebatadora y astuta, era modelo de la competencia, pero ahí estaba, con mis chicas, hablando como una más. Inocente, pura. Así que entré a matar. Un mes con ella, eso fue lo que compré. Un mes de su trabajo, de su tiempo, de su vida. No haría nada que no quisiese. Ese era el trato.
Y por supuesto, lo puse a buen uso. Melissa nunca había sido sumisa antes, pero aprendió rápido. Ella lo deseaba, yo lo necesitaba. Su aliento ardía, el mío helaba. Sus ojos suplicaban, los míos devoraban.
Por primera vez en mucho tiempo me sentía vivo. Ese anhelo, devorador y profundo, dispuesto a destruir el mundo si hacía falta. Y entonces, cuando casi pensé que la tenía, todo se vino a bajo. O casi. Iba a tener que enseñarla. Más. Y llegar, de verdad, a dejar en ella algo más que marcas rojas en su trasero.
Iba a ser mía, incluso aunque fuese lo último que hiciese en esta vida.



La Mazmorra:
La vida podría ser mucho peor. Vivo en Nueva York, tengo un trabajo decente, y vivo en una casa alquilada con mi mejor amiga. Lo último que me esperaba era salir de fiesta y que Arthur, uno de los hombres más adinerados de la ciudad, se interesase por mí. Aunque no en el sentido tradicional de la palabra…
Por supuesto, Arthur era todo lo que yo una mujer como yo quería. Al menos, en cuanto a sexo se refiere. Alto, atlético, atractivo, adinerado, seguro, alfa y directo. Sin embargo, se interesó por mí porque yo también era, más o menos, la mujer que un hombre como él quería.
Aparentemente “normal”, pero claro a sus ojos que era para él. Todos programas de prensa rosa habían hablado de Arthur y su “posible” gusto por lo inusual. Un gusto oscuro por dominar, controlar y darse a los placeres de la carne de forma muy poco católica. ¿Su oferta? Ser su invitada en la mazmorra roja convenientemente situada en el sótano de su mansión. Todo un mundo de gemidos, sonidos sordos, ecos y sombras.
Acepté. ¿Quién podría combatir semejante oferta? O mejor dicho, ¿que mujer que disfrute de la sumisión en la cama, podría? Yo no.
Se suele decir que el dolor, el placer y el poder son peligrosos. Bueno, lo son, precisamente por eso son atractivos.


El Collar



Mi nombre es Mar, y la realidad es que tengo un problema. Y el problema es que debo mantener un pequeño secreto. Un secreto sobre mis preferencias en la cama. 

Estoy casada, sin hijos, y desde hace un par de semanas vivo en un pequeño pueblo del interior. Trabajo en el banco, como secretaria, siendo fiel a los clichés. Sin embargo, no me acuesto con el banquero, sino con un amigo de mi esposo.

Concretamente, el tipo de amigo que vive en la casa urbanización de la montaña, retirada y aislada. Tendrá piscina, mesa de futbolín y quedará con sus amigos los domingos - incluyendo mi marido - pero yo soy la que va allí los Sábados por la tarde cuando, supuestamente, estoy en el gimnasio. Al menos ese es el plan. Este Sábado será el primero, si hay suerte, de muchos.

Esposas, látigo, fusta, muñequeras de cuero y un poco de mobiliario especializado son solo parte de lo que ahí abajo. ¿Estoy nerviosa? Por supuesto. No es exactamente mi primera vez, pero tampoco es que me sobre experiencia en este tema. ¿La cuestión? Que ahí voy, a ver qué tal se porta conmigo Manuel, el amigo íntimo de mi esposo y, si cabe, más íntimo mío. Hora de ponerme las cuerdas. Bueno… y El Collar.


Emoción Pura y Dura



Estás frente a una colección que incluye 3 libros escritos por Alba Duro.
A continuación te dejo las descripciones de uno:

Rota:
¿Padre Muerto? Sí.
¿Infancia sin madre? También.
¿Madre soltera? Por supuesto.
¿El peor ex-novio del mundo? No podía ser menos.
La vida puede ser una auténtica mi*rda o un paseo de rosas. En mi caso… un poco más de lo primero que de lo segundo. Pero aún así, como todas, di lo mejor de mí. Con 19 años se me presenta un tío bueno, alto, musculado y sinvergüenza. Nueve meses más tarde me veo cuidando sola de mi pequeña.
Lo último que necesitaba es que mi padre, el único hombre bueno que parecía quedar en la tierra, falleciese. Así que aquí estoy, sola y rota en el ojo del huracán, soportando la tormenta como buenamente puedo.
Y entonces, aparece él. Un tío bueno, alto, musculado y sinvergüenza. Por suerte no es el mismo. Este, en concreto, resulta ser el vicepresidente de un club de motos. Llámalo club de motos… llámalo organización criminal. Sí, me lancé a su abismo sin titubear, como una yonki buscando su jeringuilla.
No me importaba que terminase mal. Al fin y al cabo, no podía esperar otra cosa. Pero llevaba sola demasiado tiempo y necesitaba precisamente eso; un hombre con el que acostarme, del que poder disfrutar y que se convirtiese en un oasis de emoción, pasión y sexo en un desierto de trabajo duro. No esperaba que quisiese atarme, amordazarme, azotarme y, bueno… os imagináis cómo sigue. Pero tampoco esperaba que acabase así la historia…



Shibari:
Eva no era precisamente una princesita sin experiencia.
Pero tampoco había probado lo que Julio podía ofrecerle.
Era su primer día en la oficina. Con zapatos de tacón, gafas y la melena suelta, dispuesta a tomar su nuevo trono frente a la oficina del gran jefazo de una empresa multimillonaria. No era la primera vez que ejercía como secretaria y asistente personal de un pez gordo, ni tampoco la primera vez que la ataban con cuerdas, pero nunca había mezclado trabajo con placer.
Todo eso cambió con Julio. De voz grave, cuerpo atlético de pecado y mirada de frío tiburón, era muy, muy diferente a cualquier jefe que hubiese tenido antes. Así que cuando un día la invitó a su casa para revisar contratos y pulir papeleo, acabaron puliendo otra cosa. Era de esperar.
Entonces las cosas comenzaron a tensarse de verdad. Desde su relación hasta las cuerdas.



El Collar:
Mi nombre es Mar, y la realidad es que tengo un problema. Y el problema es que debo mantener un pequeño secreto. Un secreto sobre mis preferencias en la cama. 
Estoy casada, sin hijos, y desde hace un par de semanas vivo en un pequeño pueblo del interior. Trabajo en el banco, como secretaria, siendo fiel a los clichés. Sin embargo, no me acuesto con el banquero, sino con un amigo de mi esposo.
Concretamente, el tipo de amigo que vive en la casa urbanización de la montaña, retirada y aislada. Tendrá piscina, mesa de futbolín y quedará con sus amigos los domingos - incluyendo mi marido - pero yo soy la que va allí los Sábados por la tarde cuando, supuestamente, estoy en el gimnasio. Al menos ese es el plan. Este Sábado será el primero, si hay suerte, de muchos.
Esposas, látigo, fusta, muñequeras de cuero y un poco de mobiliario especializado son solo parte de lo que ahí abajo. ¿Estoy nerviosa? Por supuesto. No es exactamente mi primera vez, pero tampoco es que me sobre experiencia en este tema. ¿La cuestión? Que ahí voy, a ver qué tal se porta conmigo Manuel, el amigo íntimo de mi esposo y, si cabe, más íntimo mío. Hora de ponerme las cuerdas. Bueno… y El Collar.


Shibari



Eva no era precisamente una princesita sin experiencia.
Pero tampoco había probado lo que Julio podía ofrecerle.

Era su primer día en la oficina. Con zapatos de tacón, gafas y la melena suelta, dispuesta a tomar su nuevo trono frente a la oficina del gran jefazo de una empresa multimillonaria. No era la primera vez que ejercía como secretaria y asistente personal de un pez gordo, ni tampoco la primera vez que la ataban con cuerdas, pero nunca había mezclado trabajo con placer.

Todo eso cambió con Julio. De voz grave, cuerpo atlético de pecado y mirada de frío tiburón, era muy, muy diferente a cualquier jefe que hubiese tenido antes. Así que cuando un día la invitó a su casa para revisar contratos y pulir papeleo, acabaron puliendo otra cosa. Era de esperar.

Entonces las cosas comenzaron a tensarse de verdad. Desde su relación hasta las cuerdas.


Lencería Rota


Victoria siempre ha sabido lo que quiere. Una vida mejor, una vida cómoda.
Y aún así, al cumplir los 27 su carrera como modelo se ha ido a pique.
No hay trabajo, no hay clientes, no hay nada. Y las facturas siguen llegando.
Por necesidad, comienza a trabajar como asistenta en una tienda de ropa.

Hasta que Arthur Kramer entró por la puerta y recibió la oferta de su vida.
Vender 1 año. 365 días de su tiempo, su cuerpo, y su alma.
El trato era simple, y un millón de dólares eran muchos dólares.
Aceptó.

Al principio era simple. Una mansión impresionante, lujos y una vida de ensueño.
Y entonces Kramer se quitó la corbata y desgarró la lencería negra de Victoria… mientras aún la llevaba puesta.
En ese momento Victoria comenzó a ver, realmente, cómo iba a ser ese año de su vida.
Sumisa, dispuesta, servicial y hasta esclava, siempre atenta a su nuevo amo… cuando estaba presente.
Un hombre frío, dominante, implacable, y aún así, cálido en ciertos momentos.

Al principio, Victoria sólo quería cumplir su año y largarse con el dinero.
Pero entonces…


Secuestrando a Ana



Yo nunca quise que Alek se obsesionase conmigo.
Tatuado, peligroso, líder de la mafia rusa… y dispuesto a tomarme cueste lo que cueste.
Quiere llevarse mi inocencia, mi virginidad y convertirme en su reina.

Y por ello estoy donde estoy. Secuestrada por sus enemigos. Convertida en una moneda de cambio. Hasta que apareció él para “liberarme”. Seguía cautiva, pero a sus manos y… a salvo. Hasta cierto punto.

Alek nunca me haría daño, pero por otro lado, Alek haría daño a cualquiera que osase acercarse a mí. A cualquiera. Mis guardaespaldas ni siquiera tienen permitido mirarme. En el fondo, no deja de ser un asesino tatuado de dos metros con brazos neumáticos, pero por fuera puede comportarse como todo un caballero.

O eso pensaba, hasta que me agarró del pelo y me dijo que me portase bien… salvo que quisiera ser castigada.


Rota



¿Padre Muerto? Sí.
¿Infancia sin madre? También.
¿Madre soltera? Por supuesto.
¿El peor ex-novio del mundo? No podía ser menos.

La vida puede ser una auténtica mi*rda o un paseo de rosas. En mi caso… un poco más de lo primero que de lo segundo. Pero aún así, como todas, di lo mejor de mí. Con 19 años se me presenta un tío bueno, alto, musculado y sinvergüenza. Nueve meses más tarde me veo cuidando sola de mi pequeña.

Lo último que necesitaba es que mi padre, el único hombre bueno que parecía quedar en la tierra, falleciese. Así que aquí estoy, sola y rota en el ojo del huracán, soportando la tormenta como buenamente puedo.

Y entonces, aparece él. Un tío bueno, alto, musculado y sinvergüenza. Por suerte no es el mismo. Este, en concreto, resulta ser el vicepresidente de un club de motos. Llámalo club de motos… llámalo organización criminal. Sí, me lancé a su abismo sin titubear, como una yonki buscando su jeringuilla.

No me importaba que terminase mal. Al fin y al cabo, no podía esperar otra cosa. Pero llevaba sola demasiado tiempo y necesitaba precisamente eso; un hombre con el que acostarme, del que poder disfrutar y que se convirtiese en un oasis de emoción, pasión y sexo en un desierto de trabajo duro. No esperaba que quisiese atarme, amordazarme, azotarme y, bueno… os imagináis cómo sigue. Pero tampoco esperaba que acabase así la historia…


Esclava



Frank Einstein lo tenía todo. Era el mejor neurocirujano de Nueva York, vivía en un ático de lujo y estaba invitado a todas las fiestas. Además, cedía la mayoría de sus ingresos a organizaciones benéficas sin ánimo de lucro. Y sin embargo, Frank era más que conocido en la comunidad sadomasoquista de la ciudad que nunca duerme por ser el dominante más respetado, deseado y poco disponible de todo el condado.

Todos tenemos nuestros demonios, y Frank no era menos. Acostumbrado a conseguirlo todo, a ser el mejor, y a tener el control en todo momento, era difícil evitarlo. El poder le era algo natural, y ni dar la mano a esposas a la salida de la cirugía o ayudar a países pobres podía matar sus deseos más íntimos; dominar, poseer y controlar a sus amantes. El deseo de ser llamado “amo”.

No le faltaban amantes, pero el día de su 37 cumpleaños recibió el regalo más peligroso del mundo; Dan, empresario de éxito y amigo desde la infancia, se lo llevó de compras… a por una esclava.

De todas las posibilidades, en aquel mercado tan ilegal como lujoso, tuvo que escoger a Jane. Había algo en su actitud que lo inspiraba, algo en sus ojos que sacaba a la vez lo peor y lo mejor de él. Una mezcla de sumisión y desafío. Un porte digno, pese al collar. Y una mirada que parecía arrancarle el alma.

Jane quería aquello. Deseaba aquello. Y Frank había pagado una cantidad obscena de dinero por tenerla. Lo que él no sabía es que ella se había puesto en venta por si misma, y que buena parte del dinero había ido a pagar el tratamiento para curar el cáncer de su madre.

Ella anhelaba, desesperadamente, pertenecer a un hombre como Frank. Y él demostrarle que, aún bajo su control, podía ser mucho más que una esclava.


Macho Dominante



Vivo mi vida como quiero.
Sin reglas, sin restricciones. Sin contenerme.
Y me va de p*ta madre.

Hoy la quiero a ella. Luna.
Curvas de infarto. Labios de azúcar. Sonrisa de súcubo.
Pero hay un problema. Dice que es virgen.

Seré un monstruo, pero no quiero partirla en dos.
No importa cuanto me suplique. 
Es demasiado pura para mis 22 centímetros.

Sólo pensaba devorarla. Dejarla temblando.
Y entonces largarme. Convertirme en su mejor recuerdo.
No sería la primera vez. Los tipos como yo no sientan la cabeza.

Pero ahora no puedo dejar de pensar en ella.
No después de probar sus labios. Los dos.
Va a ser mía. En cuanto vuelva a encontrarla.
A atarla. A destrozarla hasta que pierda el sentido.


domingo, 18 de marzo de 2018

Tinta y Máscaras



Ella me envenenó. Me curó. Me salvó. Me condenó.

Soy todo lo que siempre quise ser, y aún así, soy el hombre más infeliz del mundo.
Millonario, atlético, respetado. No me falta sexo, poder, ni lujo.
Y aún así, aquí estoy, en las sombras de mi casa.

Dirijo un imperio millonario. Más allá de la ley. Más allá del orden. Un imperio capaz de comprar la ley, de destruir el orden y de mover el mundo como si sus habitantes fuesen títeres.

Yo soy Sokolov, El Arquitecto, el hombre al que las mafias, los gobiernos y las empresas miran con sumisión. Y sin embargo, aquí estoy, sentado en una mansión oscura, solo habitada por el eco y una copa de vino derramada a mis pies.

Y entonces apareció ella.

Yo, representante de la Bratvá, la Mafia Roja, la Madre Rusia, estaba reuniéndome con la Yakuza japonesa. Altiva. Tatuada. Sexy. Italiana. Sabina, La Mujer de Negro, una piedra de ónice en un mundo de carbón. Nunca había visto a nadie así.

Se giró, sonrió con suficiencia y me miró como si fuese… normal. La líder de La Cosa Nostra, la hampa italiana por excelencia. Nunca, ninguna mujer, me había mirado así. Nunca me había impactado hasta quitarme el aire del estómago.

¿Cómo esa mujer había llegado a ser líder de la mafia más antigua del mundo? ¿Cómo podía mirar así a un toro tatuado de 2 metros? Tenía que conocerla más. 

Después de tantos años sintiendo que ya no había retos en la vida, ahí estaba ella; un desafío, un misterio, un poder a mi altura. Desenmascararla se convirtió en mi propósito, pero ella… sabía cómo jugar.

Y ahora, aquí estoy, besándola tras un rastro de cadáveres, con la cara manchada de sangre y sus manos de marfil sosteniendo un cuchillo contra los tatuajes de mi cuello. ¿Qué va después?


Sombras Nuevas



Patricia lleva años viviendo en Los Ángeles, donde trabaja como escritora erótica en español. Su día a día consiste en apagar cigarrillos en el cenicero, escribir a oscuras en su ordenador y contestar emails de fans. Sin embargo, todo llega cuando recibe un email de Arturo, uno de sus lectores.

Arturo tenía una pregunta; “¿Lo que escribes, son experiencias reales?”. La respuesta era… no siempre. No cuando incluía en sus obras dominación, sumisión, sexo duro u otros aspectos del BDSM. Poco a poco, la conversación entre Patricia y Arturo fue subiendo de tono, hasta que terminó incluyendo una proposición… y una cita.

Así, Patricia se terminó viendo en un ático de Los Ángeles, en una fiesta privada para la comunidad BDSM local. Desorientada, asustada e intrigada, siguió adelante, adentrándose en mundos que llevaba años narrando, pero que nunca había vivido.

Con Arturo como guía y aquella gente como compañía, Patricia termina envuelta en una vorágine de redescubrimiento personal, sexual y moral, cambiando para siempre quién es.


Comprada



Todo tiene un precio… y yo podía pagarlo.

Cuando te has hecho millonario por méritos propios tu percepción del mundo… cambia. El mundo se vuelve un lugar frío, gris y cruel, donde la competencia es brutal y no quedan hombres buenos. Todo son negocios, competencia desleal y… falta de humanidad. Así, poco a poco, mi corazón fue volviéndose de hielo y mi corazón desconfiado.

Pero aún así, todo hombre tiene sus necesidades.

Ahí es donde Melissa entra en juego. Deslumbrante, arrebatadora y astuta, era modelo de la competencia, pero ahí estaba, con mis chicas, hablando como una más. Inocente, pura. Así que entré a matar. Un mes con ella, eso fue lo que compré. Un mes de su trabajo, de su tiempo, de su vida. No haría nada que no quisiese. Ese era el trato.

Y por supuesto, lo puse a buen uso. Melissa nunca había sido sumisa antes, pero aprendió rápido. Ella lo deseaba, yo lo necesitaba. Su aliento ardía, el mío helaba. Sus ojos suplicaban, los míos devoraban.

Por primera vez en mucho tiempo me sentía vivo. Ese anhelo, devorador y profundo, dispuesto a destruir el mundo si hacía falta. Y entonces, cuando casi pensé que la tenía, todo se vino a bajo. O casi. Iba a tener que enseñarla. Más. Y llegar, de verdad, a dejar en ella algo más que marcas rojas en su trasero.

Iba a ser mía, incluso aunque fuese lo último que hiciese en esta vida.


Z*rra Cazada



Voy a destrozarla, y ella va a gritar de placer mientras lo hago.

Vanessa es una zorra. Una cazafortunas que ha embrujado a mi hermano en cuestión de días.
Una semana ha tardado el imbécil de mi hermano en proponerle matrimonio, en adorarla como si fuese una diosa.
Pero yo no soy mi hermano.
Yo sé exactamente qué clase de mujer es Vanessa.
Y no voy a dejar que se salga con la suya.
No voy a dejar que destruya a mi familia.
Ni que se vaya con la mitad del trabajo duro de mi hermano.
Así que la he secuestrado.
La he atado, me la echado al hombro, y la he metido en el maletero de mi coche.
Sí.
Ahora está encadenada delante de mí.
Encerrada. Sin escapatoria. Sin sitio a donde huir.
Retorciéndose. Llorando.
Suplicando. Provocándome.
Ofreciéndose.
Porque yo sé exactamente qué clase de mujer es Vanessa.
Y sé exactamente lo que quiere.
¿Voy a dárselo?
Por supuesto.
Craso error. Quién me iba a decir que conocería así a mi media naranja.
Quién me iba a decir que iba a ser yo el que acabaría casándose con ella.


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